El Gran Capitán

Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, fue uno de los militares más importantes que España ha tenido. Fue un noble, político y militar castellano que vivió durante el siglo XVI. Fue un revolucionario del ‘Arte de la Guerra’, invento técnicas nuevas y venció en numerosas batallas. Fue el principal creador de los Tercios Españoles, uno de los grandes ejércitos que han existido en el mundo.

Nació en Córdoba en 1453. De joven sirvió en la guardia personal del príncipe Alfonso, pasando posteriormente a servir a la Reina Isabel la Católica. Su figura se situó en primer plano en la Conquista de Granada, curiosamente  gracias a su habilidad diplomática, no bélica, en las negociaciones con Boabdil.

Habiéndose ganado la estima de Fernando el Católico, el Gran Capitán fue designado 1495 para encabezar una expedición militar a Nápoles Se reúnen sesenta naves y veinte leños, y embarcan 6000 soldados de a pie y 700 jinetes. Después de tres años de campaña, en 1498 regresan a España las tropas españolas, dejando el reino de Nápoles en manos de Don Fadrique. En esta campaña Gonzalo Fernández de Córdoba gana su sobrenombre de El Gran Capitán y el título de duque de Santángelo.

Desde el principio se produjeron roces entre españoles y franceses por el reparto de Nápoles, que desembocaron en la reapertura de las hostilidades. La superioridad numérica francesa obligó a Gonzalo Fernández de Córdoba a utilizar su genio como estratega, concentrándose en la defensa de plazas fuertes a la espera de refuerzos.

A finales de 1502 los españoles se atrincheran en Barletta, en la costa adriática. El Gran Capitán rehúsa la batalla campal, pese al descontento de sus soldados, pero organiza una defensa activa (hostiga al enemigo y ataca sus líneas de comunicación).

Cuando llegan refuerzos y comprueba que los franceses han cometido el error de dispersarse da la orden de abandonar Barletta y pasa a la ofensiva, toma la ciudad de Ruvo di Puglia y logrando la victoria en la batalla de Ceriñola, en la que aplasta las tropas del Generalísimo francés, Luis de Armagnac, duque de Nemours y en pocos minutos 3000 cadáveres suizos y franceses quedan tendidos en el campo de batalla. El siguiente cuadro (foto) se puede ver al Gran Capitan ante el cadaver de Luis de Armagnac.

 

capitanarmagnac

 

 

Por su parte, la batalla de Garigliano estuvo marcada por las adversas condiciones climáticas. Cuando el hambre y la insuficiencia de suministros desangraban la energía de ambos ejércitos, los ingenieros españoles cobraron ventaja al construir un puente de pontones que los castellanos emplearon para arrojarse sobre la vanguardia francesa, que huyó en desbandada. El movimiento táctico fue digno de la fama del Gran Capitán; sin embargo, la apresurada retirada de los franceses le privó de un enfrentamiento frontal. En consecuencia, habría que matizar que la batalla de Garigliano no fue tal, sino una catastrófica huida gala.

Tras la guerra, el Gran Capitán gobernó Napoles como Virrey.

El Gran Capitán fue un genio militar, que por primera vez manejó la infantería, la caballería, y la artillería aprovechándose del apoyo naval. Supo mover hábilmente a sus tropas y llevar al enemigo al terreno que había elegido como más favorable. Revolucionó la técnica militar mediante la reorganización de la infantería.

Hizo de la infantería española aquel ejército formidable del que decían los franceses después de haber luchado contra él, que “no habían combatido con hombres sino con diablos”.

 

 

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